Salmo 16 – Tú, Señor, eres mi único bien

 

 

 
 

 Salmo 16
 
 
Tú, Señor, eres mi único bien
 
 
 
 

En este salmo echa mano el salmista
de figuras literarias como "banquete", "fiesta",
y maneja el tema de la felicidad,
bajo el concepto de bien,
utilizando la figura literaria de "herencia".
Existe aquí una velada referencia
a la historia de Israel en que
en el reparto de la tierra prometida
Dios mismo había sorteado
y distribuido la tierra de Canaam,
por lotes, a las doce tribus.
Pero a la tribu de Leví no le dio ningún lote
sino que dispuso que el mismo Dios sería porción,
heredad, lote, para el levita,
que viviría y trabajaría
para el servicio exclusivo de Dios.
Sobre esta historia,
y transcendiendo el sentido histórico,
el salmista teje una magnífica
interpretación mística.
Los dos primeros versículos
dan sentido a todo el salmo.
"Cuídame, Dios mío,
pues en Ti busco protección.
Yo te digo: ‘Tú eres mi bien.
No hay felicidad fuera de Ti’."
Es, como se ve, un proceso totalizador.
En la medida en que el hombre
se deja tomar de Dios
el Señor mismo acapara en este hombre
la función de bien que tienen
todas las realidades humanas
y Dios mismo tiende a convertirse
en Todo Bien para este hombre.
En efecto, para este hombre
Dios vale por una esposa cariñosa,
por un buen hermano, por un papá solicito,
por una hacienda de mil hectáreas,
por un palacio  fantástico.
Dios mismo, en una palabra,
se convierte en la Gran Recompensa,
en el  Gran Festín, en el Gran Banquete,
en suma, en Todo Bien.
Los versículos 3 y 4 hacen
referencia a los ídolos, entendiendo por ídolos
no sólo las estatuas de oro,
no sólo los señores de la tierra,
personas vivas a quienes se les rinde admiración,
sino también aquellas realidades
que  absorben  enteramente
la dedicación del corazón humano como son:
el dinero, el sexo, la gloria, las drogas,
en suma, el placer, con sus mil y una caras.
El versículo 3 dice que
"esos dioses no me satisfacen".
Los que los adoran dicen que
son poderosos y gratificantes,
por eso día a día aumentan sus fabricantes
y se multiplican por doquier sus adoradores,
que no acaban de ponderar
las emociones que les causan.
Allá ellos.
En cuanto a mí,
"juro que jamás pronunciaré sus nombres",
 ni doblaré mis rodillas ante sus estatuas huecas
que se desvanecen a la madrugada,
ni participaré en esos sus festines
que culminan en el tedio.
Para mí
"el Señor es el lote de mi herencia,
mi bien y mi todo"
El me satisface plenamente,
colma mis expectativas,
cubre mis pozos de nostalgia,
llena de alegría mis horizontes,
me alumbra los caminos,
en las tormentas es mi Roca,
es sol durante el día,
antorcha de estrellas durante la noche,
agua fresca y vino ardiente para el viaje,
sombra en el estío,
descanso en la fatiga,
en resumen,
"me encanta mi heredad"
"Me ha tocado la mejor suerte,
un lote hermoso"
Estoy feliz con mi suerte,
no me cambio por nada,
no envidio a los adoradores
de los dioses de la tierra,
sé que ellos dan rienda suelta
a todos los festines del mundo
y luz verde a todos los apetitos,
pero sé también del infinito vacío de sus vidas.
Yo estoy feliz con la suerte que me ha tocado,
"mi suerte está en sus manos"
En sus Manos he dejado mis pasos y mis días,
el día de mañana y el día de ayer,
mis nervios y tensiones,
Él sólo me hace dormir tranquilo y vivir feliz.
Y a partir del versículo 7 hasta el final
el salmista avanza resueltamente,
navegando hacia la profundidad del mar,
hacia las hondas aguas de la intimidad total en Dios,
con expresiones cada vez más sublimes,
precisas e inspiradas.
Pido que mi garganta se transforme
en un arpa de oro
para cantar y bendecir a mi Señor,
porque Él me señala el rumbo,
"me alumbra la ruta y me guía",
y durante el sueño Él desciende
hasta las últimas vertientes de mis mundos y allí,
como un amoroso maestro,
"me inspira y me instruye"
En el transcurso del día,
mientras atiendo a mis compromisos,
converso con los amigos, salgo de compras,
me ocupo en mis quehaceres,
"en todo momento
tengo presente al Señor
como un amigo"
como el ser más querido y familiar
que vela mis días, por eso
"mi pie nunca resbalará,
nada me hará caer,
porque Él está a miderecha"
Por todo lo cual
"mi vida es una fiesta
y mi corazón danza de alegría
y mis entrañas vibran de gozo,
en fin, mi ser entero se baña
en el mar de la felicidad"
Como un niño pequeño duermo en sus brazos,
"no hay fantasmas en mis noches,
ni nubes en mis cielos,
ni amenazas en mis horizontes
ni la muerte llamará a mi puerta,
por eso todo es descanso
y serenidad en mi Dios"
Y en el último versículo el salmista
recoge todas las melodías del mundo
y en un alarde de inspiración
teje un acorde final
para coronar gloriosamente el poema:
"Trazarás ante mis ojos
los rumbos de la vida
y los senderos de la felicidad.
Tú seras la estrella matutina
sobre mis horizontes.
Habrá alegría colmada en tu Presencia
y gozo hasta la saciedad
porque los anhelos serán colmados
y los pozos de nostalgia cubiertos.
Tú, Dios mío, llenaras todo,
habrá dicha eterna junto a Ti,
alegría perpetúa a tu derecha"
 
 
 
P. Ignacio Larrañaga
 

 

 

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