Salmo 84 – Dichosos los que viven en tu casa

 
 
 
 
Salmo 84
 
Dichosos los que viven en tu casa
 
 
 

Igual que los salmos 42 y 63 también el salmo 84
está dominado por la nostalgia de Dios,
identificando el templo con Dios,
el templo como morada de Dios
y refugio del hombre sin morada.
Una nostalgia persistente, casi irremediable,
pone en movimiento una gran peregrinación
en marcha hacia la casa del Señor,
que es el Señor mismo.
 
 El salmista se halla muy lejos de Jerusalén,
seguramente en alguna región
de Samaría o de la Galilea,
acaso en el extranjero,
en algún país de la diáspora,
y se muere de nostalgia,
siente unas ansias locas por las moradas,
los atrios, los altares, del Señor.
Y desde lejos todavía da rienda suelta
a sus anhelos con expresiones reiterativas:
"¡Qué hermoso es tu santuario, Señor Todopoderoso!
¡Cómo muero de deseos por tus moradas santas"
"Mi alma desfallece cuando recuerdo
los atrios del Señor!"
"Y mi corazón y mis entrañas danzan
y brincan y vibran por mi Dios, el Dios de mi vida!"
 
En el versículo 4 vienen a la memoria del salmista
recuerdos de antaño, de los años anteriores
en que subía al templo y
¿qué había visto entonces? ¿qué recordaba?
Escenas evocadoras:
felices golondrinas que entre piruetas
entraban en el templo,
ponían sus nidos en los muros interiores
y en los entramados,
y criaban sus polluelos cerca de los altares
con grande alegría,
y lo mismo hacían los gorriones
en los muros exteriores.
Ante esta evocación el salmista
no lo puede remediar,
se muere de envidia por las pobres golondrinas
y los gorriones, y lleno de nostalgia exclama:
"¡Oh, tus altares, mi Señor Todopoderoso,
Rey mío y Dios mío,
qué felices deben ser los que moran en tu Casa
y se dedican a alabarte noche y día sin cesar!".

Y lanzando por delante una bienaventuranza

el salmista imagina cómo se organiza
y se realiza una peregrinación.
Antes de iniciar los preparativos
hay una fuerza de atracción
que es Dios mismo,
que seduce y ayuda.
Parten los peregrinos y avanzan y avanzan
y atraviesan áridos valles
que al paso de la peregrinación
milagrosamente se transforman
en verdes oasis,
"como si una lluvia temprana
los cubriera de bendiciones"
 Siguen avanzando los peregrinos
y en la medida que avanzan,
de baluarte en baluarte, de altura en altura,
van aumentando sus fuerzas interiores
hasta dar finalmente con la vista
en el monte Sión
y con sus pies en la explanada del templo,
y así dar alcance a su sueño dorado:
ver a Dios.
 Ya en el interior del templo
y colmados sus anhelos,
en los versículos 9, 10 y 11,
el salmista dirige una plegaria
de intercesión por el rey
sin dejar de derramar unas sentencias
de sabiduría experimental.
En efecto, después de haber saboreado la delicia
de estar bajo la sombra fresca del Señor
cae de su peso que
"más vale un solo día en tus atrios
que mil días por ahí afuera".
"Prefiero ser portero de la casa de mi Dios
que nadar en las diversiones de los mundanos"
Para los que confían, el Señor es sol,
escudo, gracia y gloria,
"¡Dichoso, pues, el hombre que confía en Ti!"
 

 

P. Ignacio Larrañaga

 

 

 
 
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Una respuesta a Salmo 84 – Dichosos los que viven en tu casa

  1. Orlando Quiroz Camargo dijo:

    Excelente interpretaciòn, es Bìblica y de mucha edificaciòn. Que siempre sea y permanezca este anhelo, deseo y canto en nosotros los creyentes, al Dios vivio y eterno nuestro salvador, a El sea la gloria por siempre.

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