Salmo 143 – Oración por la victoria y la paz

 

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Salmo 143
 
 
Oración por la victoria y la paz
 
 
 
 

"Señor, escucha mi oración:
tú que eres fiel, atiende a mi súplica;
tú que eres justo respóndeme".
 
Se establece en este salmo
una relación entrañable y confiada
entre el alma y el Señor,
una súplica multidimensional,
apoyada en múltiples motivaciones,
va recorriendo,
desde el primer verso hasta el último,
con furtivas apariciones de sus enemigos
que no llegan a perturbar a fondo
la confianza del salmista.
El salmo está, en todo momento,
en forma dialogal y en tono de gran intimidad,
por lo que se constituye
en un precioso instrumento
para fomentar la relación personal con el Señor.
En el primer versículo
comienza el salmista
con una insistente invocación,
apoyada en las cualidades de Dios,
comprobadas en la historia de Israel,
que son: su fidelidad nunca desmentida
y su justicia, defensora del oprimido.
"Dios mío,
no se te ocurra actuar en estricta justicia
porque si pesaras nuestros actos
en una balanza imparcial
¿quién quedará inocente ante tus ojos?
Si nos trataras como lo merecen
nuestros desvíos
¿quién podría resistir tu mirada?
Así que,
trátanos según tu misericordia eterna."
 
Los versículos 3 y 4 describen
la situación desesperante
a la que ha llegado el salmista:
los enemigos han tramado un asesinato
contra el salmista
y están ya cercándolo como sombras,
y quieren pasarlo a espada cuanto antes
y entregarlo al silencio de la sepultura.
Informado de esta conspiración el salmista
se muere de miedo,
y es dominado por la oscuridad y el terror,
pero reacciona inmediatamente:
"Recuerdo los tiempos antiguos,
medito todas tus acciones,
considero la obra de tus manos,"
refugiándose en el recuerdo de otros tiempos,
aquellos tiempos en los que el Señor
hizo proezas liberadoras,
acciones espectaculares con el poder de su brazo
a favor de los oprimidos,
y este recuerdo hace renacer en su corazón
la confianza y la seguridad.
No sólo eso,
sino que en este momento
despierta la veta mística
y nos entrega este precioso versículo 6:
"Mis brazos se extienden hacia ti y,
detrás de los brazos,
y juntamente con ellos,
va mi ser entero cautivado,
seducido por Ti.
Igual que la tierra reseca
desea ardorosamente lluvia
así mi alma suspira ardientemente por Ti".
En los versículos 7 y 8
continúa la súplica con gran calidez
y bastante concretez.
Se oyen ecos lejanos de los enemigos
pero no consiguen turbar al salmista.
En todo caso, hasta el final,
cada versículo es una súplica intensa,
ardiente, insistente.
"Escúchame enseguida"
 "No me escondas tu Rostro.
Hazme escuchar tu gracia" 
 "Indícame el camino,
líbrame del enemigo" 
"Enséñame tu voluntad"  
"Consérvame en vivo"
"Destruye a mis enemigos"
 
Y cada súplica va acompañada
de su correspondiente motivación:
"ya que confío en Ti",
"pues levanto mi alma a Ti",
"pues me refugio en Ti",
"ya que Tú eres mi Dios",
"Tú espíritu es bueno",
"por tu Nombre",
"por tu clemencia",
"pues siervo tuyo soy".
Hay, en estos seis versículos finales,
una cálida intimidad y mucha entraña.
Por lo que se constituye en uno de los salmos
más adecuados para fomentar
la familiaridad con el Señor.
 
 
 

P. Ignacio Larrañaga

 

 

 
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